Test para saber si un niño es mal comedor

    



Un niño mal comedor es uno de los principales quebraderos de cabeza para los padres, como ya ha informado este periódico, pero antes de actuar hay que identificar qué tipo de problema subyace detrás de la falta de apetito, ya que esta información condiciona el abordaje. Así lo cree Luis Carlos Blesa, pediatra del Centro de Salud Serrería II, en Valencia, y ponente del XVI Curso de Avances en Pediatría, organizado por el Instituto Valenciano de Pediatría y Puericultura, celebrado la semana pasada.

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Así, para ayudar a clasificar al niño mal comedor, Abbot Nutrición Internacional, en colaboración con los doctores Benny Kerznere e Irene Chatoor, del National Medical Center, en Washington, ha elaborado un cuestionario, que se presentó durante el curso y que está estructurado en cuatro apartados. En el primero se pide que los padres marquen de una lista de diez posibles síntomas los que tenga su hijo (atragantamiento, pérdida de peso, vómitos, diarrea…); en el segundo, tienen que marcar de seis descripciones posibles el que más se corresponde con su hijo; en el tercero se recogen datos de los padres (estatura y antecedentes de retrasos puberales) y antecedentes de prematuridad, y en el cuarto se pregunta si el niño come y cuántas raciones.

“El primer apartado define la presencia de signos de alarma de alguna enfermedad, y en función del segundo se clasifica el subtipo de trastorno alimentario. El tercero nos hace tener en cuenta otras posibles causas de talla-constitución baja y el cuarto orienta hacia las carencias de la dieta del niño”, describe Blesa.

En función de las respuestas, se pueden identificar varios tipos de niño mal comedor: los que tienen poco apetito, según los criterios de los padres que tienen una falsa creencia sobre el apetito o las necesidades reales de su hijo; los que no comen porque padecen una enfermedad orgánica -“que lógicamente habrá que tratar médicamente-“; los que son muy activos -lo que se conoce como anorexia infantil-, y los que tienen una deprivación psicoafectiva o una falta de cariño. Además, “los hay que presentan una ingesta muy selectiva o que pueden padecer un problema de temor o de cólicos”.

Según Blesa, el tipo más frecuente “probablemente sea el que realmente no lo es, sino que sus padres tienen una falsa interpretación de esa anorexia infantil o el niño muy activo que está interesado en todo menos en la comida”.

LO MÁS FRECUENTE
Una vez confirmado que el niño mal comedor lo es porque tiene malos hábitos o consume una cantidad escasa de alimentos, “a través de los consejos de pediatras, nutricionistas o psicólogos podemos modificar esas conductas”.

Sobre este punto, Rocío Ramos-Paúl, psicóloga y directora del Centro de Psicología BIEM, en Madrid, y participante en el curso, declara que una de las recomendaciones es dejar de hablar de comida delante del niño: “Debe entender que no puede manejarnos a través de esa conducta y la mejor forma de mostrarlo es no atenderla”. Además, es importante revisar el hábito de la alimentación en casa, sobre todo el lugar que ocupa y la rutina que se sigue: hora, lugar o forma de comer. “Debemos ver si los padres permiten que el niño pique con tal de que coma algo, lo que hará que llegue sin hambre a la mesa; si los horarios son muy dispersos y no centran al niño, impidiendo notar la sensación de hambre; o si se come de cualquier manera, incluso en el pasillo o la bañera, con tal de que el niño lo haga”, entre otros ejemplos.

En el caso de niños con una alimentación selectiva, Ramos-Paúl apunta que “la introducción de nuevas variedades y alimentos es un proceso muy lento y debe realizarse poco a poco”.

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