Aunque años atrás se sostenía que las papilas presentes en la lengua sólo permitían diferenciar cuatro sabores diferentes (dulce, salado, ácido, amargo) ya existía evidencia de que la lengua también podía identificar el sabor “Unami”, similar a la proteína, y la grasa, aunque muchos científicos pensaban que esta última sensación se relacionaba más con la textura que con el sabor.

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Según estudios más recientes, los receptores gustativos presentes en la lengua pueden saborear la grasa, lo que influiría en cierta predilección por alimentos ricos en este nutriente.

Investigadores franceses informaron que los roedores cuentan con un receptor en su lengua capaz de sentir el sabor de la grasa, lo cual podría aumentar su necesidad en la alimentación.

Al parecer, en los seres humanos ocurriría lo mismo. Es decir, además de la textura grasa, las personas podrían tener receptores en sus lenguas que aumentan su preferencia por alimentos grasos, lo cual se confirmó al identificar una proteína llamada CD36 que facilita la captación de ácidos grasos.

Este receptor está ubicado en la superficie de las células y distribuido en muchos tejidos, incluyendo células grasas, tracto digestivo, tejido cardíaco, tejido músculo-esquelético y, por supuesto, la lengua.

A partir de este hallazgo, los expertos concluyeron que, en un futuro y mediante la ingeniería genética, será posible modificar la cantidad de receptores de la proteína CD36 para regular la necesidad de grasas.

Mientras tanto, sigue siendo indispensable controlar voluntariamente su consumismo, debido a la gran cantidad de problemas que origina su consumo en exceso en el cuerpo humano.

 

1 comentario

  1. yasira

    8 octubre, 2013 a 17:03

    ¿en qué parte de la lengua está el sabor grasa ?

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