Desde que la producción de alimentos en occidente entró en una etapa industrial, gran cantidad de alimentos naturales o de preparación artesanal han ido desapareciendo, dejando lugar casi exclusivamente a otras formas de elaboración y comercialización que ha permitido aumentar enormemente el volumen total de alimentos facilitando la llegada a todos los mercados de diversas regiones o aún de otros países.

Los aditivos alimentarios son sustancias naturales o artificiales que se añaden intencionalmente a los alimentos procesados para hacerlos más atractivos, prolongar su estabilidad y conservación, o facilitar los tratamientos industriales.

Estos no mejoran las características nutricionales de los alimentos ni reportan ventajas para el organismo. Pueden clasificarse, de acuerdo a la función tecnológica más habitual, como: colorantes, conservadores, estabilizantes y emulsionantes, acidulantes y reguladores de la acidez, resaltadores de sabor.

Se define a la dosis diaria recomendada como la cantidad de aditivo expresada en miligramos por kilogramo de peso corporal, que puede consumirse sin riesgo para la salud. Se debe tener en cuenta que podría llegar a consumirse en un mismo día varios alimentos con el mismo aditivo, produciendo un efecto sumatorio de las cantidades de cada uno.

Si bien existen razones nutricionales y de seguridad para la utilización de aditivos, por ejemplo disminuir el desarrollo bacteriano que puede existir en ciertos alimentos en conserva, en general son utilizados por cuestiones económico-sociales, por lo que debe recordarse la recomendación de los expertos de la salud y nutrición de preferir el consumo de alimentos frescos siempre que sea posible.

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