La alfalfa es una planta con usos medicinales que puede alcanzar alturas de hasta un metro. Esta especie recibe el nombre binomial de Medicago sativa. Se trata de una planta con hojas agrupadas de a tres, por cada rama, y flores de color azulado. Las hojas de alfalfa son de tipo oblongo y tienen numerosas dentaduras en sus zonas externas.

El fruto de la alfalfa es tan pequeño como una legumbre y aparece con varios enrollamientos. La alfalfa no tiene una zona de crecimiento típica (se desarrolla muy bien en todo tipo de tierras). La floración de la alfalfa siempre tiene lugar en los meses de primavera y se mantiene a lo largo de todo el verano. La recolección de esta planta medicinal debe ser seguida por la conservación en seco.

En la composición química de la alfalfa encontramos cantidades apreciables de hierro, calcio, potasio, fósforo y una buena variedad de vitaminas (especialmente vitaminas E y K). Los usos medicinales más conocidos para la alfalfa son los de agente hemostático, estrogénico y revitalizador en casos de déficit de hierro (por ejemplo, al presentarse anemia). La alfalfa también es muy útil en caso de hemorragia nasal o hemorroides.

 

La forma de administración clásica de la alfalfa es como infusión. Debemos preparar una infusión con una cucharada de planta por cada taza de agua. Se pueden beber hasta 3 tazas al día. Si preferimos la presentación en polvo debemos tomar solo dos cucharaditas al día. En caso de adquirir cápsulas, en cambio, se recomienda no superar dosis diarias de 500mg (se las suele dividir en tres veces distintas). También tenemos la opción de adquirir un extracto seco de alfalfa. En este caso también se recomiendan dosis diarias que no superen los 500mg al día.

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