La urticaria es una erupción localizada sobre la piel, compuesta de pápulas edematosas, pruriginosas, fugaces y variables. La urticaria puede ser aguda (en ese caso rápidamente regresiva), o crónica.

La urticaria puede responder a múltiples etiologías, de las que no siempre se conocen las causas, concretamente cuando son crónicas. De esta forma, la urticaria de origen físico puede ser debida al frío, al calor, a la emoción, al sol, o incluso al esfuerzo (en este caso se habla de urticaria colinérgica).

La urticaria alimenticia, por su lado, puede ser debida a un alimento por sí solo (por ejemplo las fresas, el chocolate, el huevo, etc.), o a un aditivo contenido en algún alimento, como por ejemplo un colorante, un aroma, etc.

La urticaria puede ser medicamentosa. En ese caso, se trata de una reacción de origen alérgico, concretamente a la aspirina, al iodo, a la penicilina, a las sulfamidas, etc. Finalmente, la urticaria puede sobrevenir tras una sensibilización a un agente infeccioso. En ese caso, es fundamental conocer su causa.

El origen puede ser bacteriano, micósico, parasitario, o vírico (concretamente en el caso de la fase preictérica de una hepatitis vírica). En estos casos, se deben realizar análisis estomatológicos, además de consultarlo con un dermatólogo.

Existe otro tipo de causas posibles, concretamente a lo largo de una infección general (un lupus eritematoso sistémico, hemopatías, cáncer visceral, hipotiroidismo…).

También puede tratarse de una urticaria de contacto: es el caso de una reacción a las ortigas, o a las medusas, o incluso en un contexto de atopía, es decir de una asociación con el asma, el eczema, la alergia primaveral, etc. La crisis aguda de urticaria tiene sus propias características.

1 comentario

  1. josrarars@hotmail.com

    24 Marzo, 2013 a 4:19

    MUY UTIL SU SITIO.-GRACIAS SIEMPRE

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