El acto de comer reemplaza en muchas ocasiones al acto de comer. Cuando se deja de fumar, la necesidad de nicotina es frecuente y displacentera. Por lo tanto se tiende a calmar esa sensación comiendo algo que este a mano, tomando al alimento para reemplazar una adicción.

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El comer y fumar suelen ser acciones por los cuales se opera frente a diferentes situaciones, entre ellas la ansiedad.

Habitualmente el dejar de fumar exacerba la ansiedad, lo que puede afectar seriamente las actividades diarias. Es muy común que las personas que presentan este signo  sufran de permanente nerviosismo, inquietud y algún tipo de alteración del apetito.

Se cree que existe una asociación entre la dependencia de la nicotina y la ansiedad, posiblemente al relacionar al tabaco con un efecto de relajación  y disminución de la ansiedad.

Sin embargo el fumar  no tranquiliza, se ha demostrado que el tabaco incrementa la ansiedad y seria este el mecanismo de retroalimentación de esta adicción.

Los beneficios de dejar de fumar se perciben desde el primer momento en que se abandona está extendida adicción.

Esos beneficios se van haciendo cada vez más numerosos a medida que pasan los años, por ejemplo, a los 15 años de la cesación tabáquica, el riesgo de padecer cáncer de pulmón se iguala al de un no fumador.

El aumento de peso después de dejar de fumar se encuentra relacionado con dos importantes factores: primero con la disminución del gasto calórico basal por la ausencia de nicotina, y segundo, por el incremento de la ingesta calórica diaria, es decir se produce un mayor consumo de alimentos y con ellos, una mayor ingesta calórica. Como se observara los cigarrillos muchas veces son reemplazados por cosas dulces, y es acá donde se deben reemplazar por frutas  o alimentos proteicos para no aumentar de peso después de dejar de fumar.

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