Los pólipos colorrectales son formaciones que se forman en las paredes que revisten el colon o el recto. Si bien la mayoría de los pólipos colorrectales son benignos y no tienen riesgo de metástasis, es necesario tener la información necesaria para prevenir esta enfermedad a fines de evitar una eventual intervención quirúrgica. La aparición de pólipos colorrectales parece ser cada vez más común a medida que una persona envejece.

Uno de los factores que se tienen en cuenta en la evaluación de los pólipos colorrectales en caso de enfermedad es el tamaño que tienen. Se estima que los pólipos colorrectales con un tamaño superior a un centímetro son los que pueden implicar los mayores riesgos de cáncer. Para el desarrollo de pólipos colorrectales hay algunos factores adicionales que suelen decidir el curso de la enfermedad: la edad y los antecedentes en la familia del paciente (personas con cáncer de colon o pólipos) son dos de los más importantes.

Para reconocer los pólipos colorrectales (condición conocida como poliposis) hay que considerar algunos síntomas. Los más comunes son la presencia de dolor abdominal, sangre en las heces y fatiga crónica (como resultado de la pérdida de sangre permanente). La forma de detección de los pólipos colorrectales suele ser por medio de una colonoscopia (común o virtual), una sigmoidoscopia, un examen coprológico o por un enema opaco.

 

El tratamiento que se les recomienda a las personas que sufren de pólipos colorrectales depende en gran manera de la edad, la constitución física y la salud de cada paciente. En la mayoría de los casos el problema de los pólipos colorrectales se soluciona en poco tiempo con una extirpación individual de cada uno de los pólipos. En los casos más graves, sin embargo, se puede indicar una colectomía (la extirpación de una sección del colon).

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