SOY FELIZ. Han pasado más de dos horas y media desde que un estadista consumado englobaría el momento en la “madrugada” del domingo y acabo de abrir una bolsa de patatas fritas con sabor jamón.  Llevo más de dos horas escribiendo y mi estómago ha optado por evidenciar que allí mora un gusano voraz y alternativo. En definitiva, debo redactar algunos artículos que proporcionen motivación psicológica a los posibles lectores y no se me ocurre nada mejor que aludir a la sencillez. Efectivamente, no parece existir nada original en lo que cuento, pero precisamente en ello radica mi argumento.

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En primer lugar, tengo a mi alcance productos nutritivos que aplacan en algunos minutos las ansias de mi fuero interno y terminan provisionalmente con mi vacío existencial (ya se sabe, a veces, cuando uno siente un vacío interno, debe comer… porque lo que tiene es hambre).  Por otro lado, cada uno de mis músculos y órganos consigue remitir señales inequívocas a mi cerebro, llevándole a reaccionar prácticamente en una milésima de segundo… Es increíble cómo la naturaleza, con su inmensa perfección, ha mimado al ser humano… o al menos a la mayoría de seres humanos… Por cierto, tampoco he nacido al lado de un pantano de arenas movedizas, en la sabana africana. Tengo móvil, televisor y ordenador.  Mis padres viven; mejor aún, he hablado con mi madre con fecha de ayer en el calendario pero a día de hoy en mi registro.

Antes de que se me olvide, cuando salgo a la calle siento calor y frío, según la estación… En el supermercado, miro lo que compra la chica de delante y me hago una idea sobre cómo es su vida (ha comprado pañales, debe tener un bebé; y muchos dulces, así que en su núcleo familiar alguien es goloso/a). Me relaciono con gente durante gran parte del día y eso me llena de vida. Cuando salgo a correr, las piernas me responden con un “tembleque” inicial que se transforma en traqueteo férreo durante al menos 40 minutos (a no ser que me encuentre algún conocido y me dé por hablar).

No me preocupa la hora, ni que me hayan bajado el sueldo por ser funcionaria o semifuncionaria (dada la resta de haberes). Ahora, sólo pienso en volcar mis sensaciones en este artículo. Sólo sé que soy feliz… de repente se oye “Yesterday” de los Beatles, y poco después “Imagine“; porque la televisión lleva como telón de fondo ya muchos minutos… y simplemente escribo aquello que fluye y va surgiendo…

Conclusión y traducción: tengo aquello que a muchos les falta; disfruto de ello de una forma relativa y suficiente como para decir que esto no es un simulacro, sino el directo de una función en la que se me ha proporcionado salud, instinto social, unos cuantos papelillos de colores por los que algunos son capaces de atentar y una capacidad considerable para apretujar con motivación al motor cardíaco.  Es más, se me ha obsequiado con una voluntad pétrea y con una habilidad creadora en forma de masa gris ilimitada… ¡qué suerte! Estoy viva y no tengo más remedio que ser feliz. El secreto: mis momentos sencillos, éste mismo.

1 comentario

  1. Loli

    24 febrero, 2015 a 12:53

    Si estoy de acuerdo contigo, lo más importante ser feliz con lo que tienes. Hay personas que nunca son felices porque no alcanzan lo que creen que necesitan y es porque se fijan en lo que tienen los demás es decir “envidia” . Se puede ser muy feliz si eres humilde, sencillo, no eres esclavo de la moda, dominas tus instintos es decir eres “libre”

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