La autoestima y la imagen corporal que tiene una persona determinan gran parte de su vida. Estos aspectos son importantes desde la primera infancia hasta la vejez, pero en la adolescencia parecen cobrar aún mayor relevancia. Las personas que tienen una autoestima y una buena seguridad personal tienden a tener un mayor éxito en las relaciones sociales: saben desenvolverse en todo tipo de entornos y no carecen de amistades.

La salud psicofísica de una persona que transita la adolescencia está fuertemente ligada a la imagen corporal. A raíz de los cambios corporales que se empiezan a producir a partir de la pubertad se plantea un juego de comparación en el que los jóvenes comienzan a medirse con sus pares y con los adultos. El sostén de la familia y el apoyo de los amigos son vitales en medio de esta etapa tan difícil, en la que los modelos sociales proporcionados por los medios masivos de comunicación pueden llevar a los más jóvenes a la confusión.

Para mantener una buena salud psicofísica y niveles acordes de autoestima durante la adolescencia es fundamental, en un primer momento, dejar en claro que hay ciertos aspectos de la imagen corporal que no necesitan ser modificados para tener una mayor autoestima. Simplemente se trata de aceptarlos. Si un adolescente tiene problemas con su color de ojos o de piel le bastará con empezar a aceptarse de una mejor manera, dado que estas características no inciden en lo más mínimo en su salud física. En cambio, si el adolescente tiene problemas de peso, por ejemplo, la situación será diferente. Los jóvenes que tengan sobrepeso (o que sufran de anorexia) deberán recibir ayuda profesional (de parte de médicos, nutricionistas y psicólogos) para cambiar sus hábitos de vida, mejorando su salud corporal y emocional a la vez.

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