El alzheimer es una enfermedad que afecta a un número importante de ancianos puesto que además, el aumento de esta enfermedad también tiene su causa en el incremento de la esperanza de vida. Hoy día, son muchas las personas que superan la barrera de los 80 años. Incluso, existen afortunados que llegan a cumplir 90 o 100 años. Un verdadero regalo de la vida que produce esperanza puesto que hace unas décadas la esperanza de vida de una persona era mucho menor. El alzheimer es una de esas enfermedades que todavía no cuenta con un remedio definitivo.

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Asumir esta realidad es el primer paso para poder afrontar el dolor que a veces produce dicha enfermedad a los familiares del enfermo. Es difícil, asumir que un ser querido pierde la memoria de forma progresiva hasta el punto de olvida incluso el nombre de sus hijos, de sus padres, de sus abuelos y amigos. Hasta el punto de olvidar incluso la calle en la que vive o su propia identidad.

El avance del alzheimer es progresivo, es decir, avanza de forma inevitable en el enfermo. Aunque eso sí, no siempre y en todos los casos se produce a la misma velocidad. De hecho, hoy día, las investigaciones están centradas precisamente en poder dar con la clave de medicamentos que reduzcan la velocidad a la que avanza esta enfermedad con la que cada día estamos más concienciados a nivel social puesto que la integración de las personas mayores también es notable y necesaria.

Los familiares de un enfermo de alzheimer deben volcarse con éste, acompañarle en su última etapa de la vida con mucho cariño y amor puesto que estos sentimientos aportan esperanza e ilusión al presente de aquellos que viven sin memoria. Afortunadamente, ninguna persona se reduce a sus recuerdos.

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