En los carbohidratos simples, o sea, aquellos que se transforman en energía para el organismo, cuando hay un exceso de azúcar, el cuerpo no puede con ellos y la convierte en grasa. De esta forma, su cuerpo convierte en última instancia, el exceso de azúcar en glucógeno y luego en la grasa para su almacenamiento. Y peor aún, las células con altos niveles de azúcar se asocian con enfermedades relacionadas con el azúcar sanguíneo, tales como la hipoglucemia, la diabetes y la resistencia a la insulina.

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No todos los carbohidratos simples son malos ni todos los carbohidratos son malos. Algunos de ellos, como las frutas, son carbohidratos simples y nutritivos. La fruta fresca nos da enzimas, vitaminas, minerales y fibras. Los productos lácteos también ofrecen importantes beneficios nutricionales, como proteínas, vitaminas y grasas. El punto es reconocer que estos hidratos de carbono simples, que no son tan malos, aún azúcares rápidos, no mantienen nuestra energía de la misma manera que lo hacen los hidratos de carbono complejos.

Los carbohidratos buenos

 

Una de las cosas confusas acerca de los carbohidratos es la diferencia entre los alimentos integrales y los refinados. Los granos enteros son un buen ejemplo. Cuando un grano es refinado, los nutrientes y la fibra se han tomado de ella, lo que la convierte en rápida al momento de digerirse y menos nutritiva. Tomando como ejemplo a la fabricación de harina de pan blanco: un grano de trigo entero con todas sus partes incluye el salvado, endospermo y el germen. El salvado nos da la fibra que tiene muchos beneficios digestivos, incluyendo frenar la descomposición de los alimentos y la absorción de grasa. Y el germen es la parte que tiene la mayoría de los nutrientes. Pero cuando el trigo integral es refinado, para hacer la harina blanca, el salvado y el germen son removidos, dejando sólo el endospermo menos nutritivo.

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