Hoy por hoy, la televisión, internet, las revistas, los diarios y la publicidad nos bombardean con mensajes sobre qué hacer y qué no hacer para perder peso: ¿Es mejor dormir poco para quemar más calorías? ¿Es bueno beber leche? ¿Qué alimentos son mejores para que no deje mi dieta? Se han realizado cientos de estudios sobre todos estos temas y expondremos algunos a continuación, aunque todos ellos se resumen en la siguiente premisa: come con moderación y muévete.

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Un reciente estudio realizado por la Universidad de Chicago y publicado en Annals of Internal Medicine, apunta a que es necesario dormir 8 horas diarias para que una dieta sea eficaz. Este estudio, realizado con 10 voluntarios demuestra que mientras que aquellos que dormían 8 horas perdieron un kilo y medio de grasa, los que no pasaban de las 5 perdieron poco más de medio kilo de grasa. La investigación también ha revelado que los que dormían menos pasaban más hambre, dado que aumentaban sus niveles de grelina, la hormona que controla el apetito, y disminuían los niveles de leptina, encargada de la sensación de saciedad, lo cual podría llevar a medio plazo al abandono de la dieta. Todo esto lleva a pensar que es imprescindible dormir bien si nuestro objetivo es perder peso a largo plazo y no caer en un efecto yo-yo.

Por otro lado, un nuevo ensayo desarrollado por investigadores israelíes ha demostrado que consumir lácteos ayuda a perder peso. Así, tomar el equivalente a dos vasos de leche desnatada diariamente puede llevar a la pérdida a lo largo de dos años de seis kilogramos más que si no tomamos ningún tipo de lácteo mientras realizamos una dieta. La explicación se basaría en el hecho de que este tipo de productos ayudan a convertir la grasa en heces y, por lo tanto, a eliminarla del cuerpo.

En este mismo ensayo también se ha demostrado que una concentración suficiente de vitamina D en sangre también contribuye a la pérdida de peso. Así, alimentos como la leche (que se enriquece con esta vitamina desde los años 30), los pescados grasos como los arenques, el salmón, las sardinas o el atún, el hígado de pescado y las yemas de huevos también influirían positivamente en la pérdida de peso.

En definitiva, como conclusión de estos estudios  podemos extraer algo que ya sabíamos: el truco para controlar nuestro peso es ceñirnos a la dieta mediterránea, rica en verdura, fruta, legumbres, pescado y leche, y dormir bien.

 

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