El divorcio puede afectar significativamente la salud y bienestar. Especialmente si se está en el proceso de pasar por uno, puede ser costoso para la salud mental y física. En el inicio de un acuerdo de divorcio, la salud mental puede decaer por el hecho de repensar demasiado las cosas.

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Pensar en cómo pagar por un abogado, en el trabajo que se necesita mantener o incluso conseguir porque hay que pagar las cuentas y en cómo manejar la situación con los hijos, son cuestiones que requieren demasiada energía. Las noches sin sueño casi siempre son un problema en los procesos de divorcio. La mente gira constantemente para resolver cómo hacer frente a la rutina diaria y las emociones que se presentan.

Adquirir el hábito de consumir comida rápida y alcohol también se convierte en un problema para la mayoría de personas que pasan por un divorcio. No se trata sólo de no tener tiempo para cocinar, sino que las pizzas o hamburguesas son una solución rápida y fácil que se convierten en el pilar para el almuerzo y la cena. La cerveza o vino también comienzan a ser parte de la rutina de todas las noches antes de ir a la cama, con la esperanza de que puedan ayudar a conciliar el sueño.

El ejercicio suele ser completamente eliminado de la lista de prioridades cuando se está pasando por un divorcio. Una noche afuera o dormir es lo que la mayoría de los divorciados optan por hacer cualquier día dado que tienen la oportunidad de estar solos.

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Es perfectamente comprensible que el estrés de un divorcio lleve por un camino poco saludable. Pero, desafortunadamente, este tipo de vida suele continuar incluso después del divorcio, lo que puede afectar significativamente la salud de las personas en el largo plazo.

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