El vértigo es una condición que se caracteriza por la sensación de que todo da vueltas a nuestro alrededor. A pesar de que la mayoría de la gente asocia al vértigo con el miedo a las alturas, la persona que tiene vértigo de forma crónica sentirá una sensación de que todo se revuelve más allá de las condiciones externas (tanto en altura como en circunstancias normales). Las personas con vértigo por lo general tienen la sensación de que se están moviendo incluso cuando están quietas. Alguien con vértigo también tiene bastante sudoración, no puede caminar en línea recta y puede sufrir de vómitos frecuentes.

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El balance del cuerpo y su habilidad para “sentirse” equilibrado está dado por una parte ubicada en el oído interno. Cuando algo en el funcionamiento del oído interno está alterado entonces surgirá la condición conocida como vértigo. El vértigo posicional paroxístico y el dolor de cabeza vestibular son las dos afecciones más asociadas con el vértigo (ambas están relacionadas a problemas en el oído interno y la forma en la que se perciben los estímulos que dan señal de la situación de equilibrio del organismo).

Existen dos tipos de vértigos: el periférico y el central. El periférico surge siempre a partir de un estado de vértigo posicional paroxístico. También puede aparecer de forma momentánea en caso de resfríos y gripes. El vértigo central, en cambio, tiene origen en algún tipo de daño cerebral. Algunos de los síntomas de esta variedad son la imposibilidad de articular la palabra con claridad, movimientos incontrolados con los ojos y volumen de la voz reducido. Aunque a primera vista parezca lo contrario, el vértigo central no es demasiado grave (el hecho de que no involucre al oído interno mejora el pronóstico de esta afección).

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