Los defensores de los nutrientes por vía intravenosa a veces pueden hacer que esto suenen como lo mejor que puede existir. Según aclaman, los nutrientes por vía intravenosa en varias combinaciones pueden actuar como una verdadera fuente de la juventud, un tónico para la energía baja y, tal vez, un remedio eficaz para curar ciertas enfermedades.
Pero, por supuesto, si suena demasiado bueno para ser verdad, probablemente no lo sea. Y los nutrientes intravenosos, como una fórmula mágica, se ajustan a esa realidad.

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Para analizar los nutrientes por vía intravenosa en el contexto adecuado, recordemos que, por definición, un nutriente es algo que se encuentra en los alimentos, y la comida es algo que comemos. Esto tiene muchas implicaciones importantes. Los nutrientes en los alimentos son, en general, ingeridos en compañía de otros nutrientes y a menudo actúan en combinación con ellos. Se digieren y entran en el torrente sanguíneo lentamente. Ellos pasan a través del hígado, en lo que se llama “el efecto de primer paso” antes de ser liberados en el cuerpo como un todo.
El hecho de que estemos aquí – y hayamos sobrevivido a pesar de una dieta que pasó desde alimentos simples y crudos a papas fritas y gaseosas – es un testimonio de la solidez de este sistema. Es el producto de millones de años de la biología evolutiva y es extraordinariamente adecuado.

Poner nutrientes directamente en el torrente sanguíneo pasa por alto toda esta ingeniería nativa, y al hacerlo, invita a una gran variedad de peligros potenciales. La digestión regula la velocidad a la que los nutrientes pasan a la sangre – la dosificación intravenosa elimina esa salvaguardia. Sin contar los riesgos secundarios que puede traer el hecho de tener una vía intravenosa en el cuerpo.

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