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Los aceites orgánicos son extractos lipídicos, ricos en vitaminas, minerales y ácidos grasos poliinsaturados, que se extraen de las partes grasas de las plantas conocidas como triglicéridos. Precisamente su composición en ácidos grasos esenciales los convierten en superingredientes cosméticos, excelentes hidratantes que nutren la piel en profundidad aportándole los ácidos grasos esenciales que ésta no puede fabricar por sí misma, necesitando de un aporte externo. Además, son potentes regeneradores de la piel, y tienen propiedades cicatrizantes.
Los aceites orgánicos o vegetales son molecularmente distintos de los esenciales, pues poseen una estructura molecular grande, pesada, que activa la piel y aporta ácidos grasos tanto esenciales como no esenciales (los esenciales son aquellos que necesitamos consumir o aplicar en la piel, es decir, aportar de forma externa o desde el exterior). Han sido usados en cosmética desde la antigüedad no sólo por su aporte nutricional, sino también por sus propiedades para mantener la piel en buen estado y prevenir su envejecimiento prematuro gracias a sus cualidades excepcionales para hidratar, nutrir y regenerar la piel. En general, los aceites orgánicos son muy nutritivos, y tonifican las membranas de la dermis aportando elasticidad.
Uno de los mejores usos que podemos hacer de los aceites orgánicos es como sustitutos de las cremas industriales para hidratar y nutrir la piel de una forma completamente natural. Son, en efecto, una extraordinaria alternativa a las sustancias químicas, y proporcionan a la piel los nutrientes necesarios para mantenerla en un estado vital y saludable.
También sirven como desmaquillantes; para ello, se suele utilizar primero el hidrolato como tónico natural (encima del maquillaje) y después se aplica el aceite. De cualquier forma, se trata de sustancias muy polivalentes en cosmética, y se puede echar mano de ellas para hacer cremas naturales con arcilla, con cera de abejas, o incluso a la hora de elaborar mascarillas caseras.
Los más exclusivos Los orgánicos más conocidos son los aceites de argán, pero existe una amplia gama que abarca otros tipos de aceites como el de baobab, el de goji, el de espino amarillo, el de rosa mosqueta, o el de tamanu.

 
El aceite de argán contiene el secreto para una piel, cabello y uñas hidratadas y radiantes. Producido a partir de la nuez del árbol Argania spinosa, que crece sobre todo en una pequeña región del suroeste de Marruecos, proporciona una rápida absorción de nutrientes para el cabello, las uñas y la piel, y también ayuda a prevenir y reducir las arrugas, estrías y cicatrices, dejando la piel suave e hidratada con un brillo fresco y juvenil. Durante siglos, este aceite ha sido elogiado por sus propiedades calmantes y antienvejecimiento.
En el aceite de argán, la vitamina E se encuentra en altas concentraciones. Esta vitamina tiene la capacidad de neutralizar los radicales libres, y ayuda a proteger las membranas celulares de la oxidación lipídica, retardando el proceso de envejecimiento y manteniendo la apariencia juvenil de la piel. El aceite de argán también con-tiene niveles muy elevados de ácidos grasos esenciales, entre ellos el ácido linoleico (omega-6).


El aceite de baobab, obtenido a partir de árboles centenarios del corazón de África de origen sostenible, hidrata y cuida la piel seca y dañada, además de combatir los signos del envejecimiento, sin obstruir poros ni agravar el acné. Tiene un alto contenido en vitaminas, antioxidantes y ácidos grasos esenciales que nutren y mejoran la elasticidad de la piel y suavizan la piel seca. Contiene igualmente niveles altos de ácidos grasos poliinsaturados, ácidos grasos omega (oleico y linoleico) y ácidos grasos saturados (palmítico, esteárico y araquídico), los cuales actúan conjuntamente para combatir los radicales libres y estimulan la regeneración celular.
Completan su mezcla de nutrientes la vitamina E, encargada de retrasar el daño celular y la degradación del colágeno, y la vitamina D, conocida por la producción de colágeno y por mejorar la luminosidad de la piel y el cabello.

 
El aceite de semillas de goji es un producto natural hidratante que ayuda a combatir los signos del envejecimiento, y es ideal para pieles sensibles. Apodado en Asia como el “diamante rojo del Himalaya”, las bayas de Goji ofrecen muchos beneficios para mantener el buen estado de la piel, protegiéndola de las tensiones de la vida cotidiana y manteniéndola joven y radiante.
El aceite de semillas de goji tiene un alto contenido en ácidos grasos esenciales, especialmente en ácido linoleico (omega-6), que ayuda a proteger y a reparar la piel estimulando la oxigenación intracelular. De esta forma, ayuda a restablecer el equilibrio vital del agua y las grasas en la película hidrolipídica de la piel.

 
Por su parte, el aceite de semillas de Rosa mosqueta deja la piel firme y suave, mejorando incluso el color y el tono de la misma. Procedente de las semillas contenidas dentro de las bayas de la rosa silvestre de un arbusto de los Andes del sur, su principal elemento diferenciador respecto a otros aceites es el ácido retinoico biodisponible (un metabolito de la vitamina A) que contiene. Este ácido retrasa los efectos del envejecimiento de la piel, ayuda a la regeneración celular, y promueve el aumento de los niveles de colágeno y elastina que proporcionan apoyo estructural a la dermis.

 
El aceite de semillas de Espino amarillo, poderoso antioxidante de absorción rápida, ayuda al cuidado de la salud de la piel gracias a su alto contenido en vitaminas E y K, carotenoides, flavonoides y una relación casi perfecta de los ácidos grasos insaturados omega-3 y omega-6.

 
Y, por último, mencionamos aquí el aceite de tamanu, cuyo árbol (CalophyIlum inophyllum) crece en las regiones tropicales del sudeste asiático. Este aceite se produce a partir del núcleo contenido dentro de la nuez de la fruta; con el fin de liberar su aceite, el núcleo debe dejarse secar al sol durante uno o dos meses, tras los cuales se cubre con un aceite oscuro y muy pegajoso. A partir de ahí, el núcleo se prensa en frío para extraer el verdoso y fragante aceite de tamanu, que, mirado de cerca, exhibe unos brillantes microcristales delicados.
Los pueblos indígenas del sudeste asiático han usado este aceite durante siglos, llegando incluso a considerarlo sagrado. Entre sus funcionalidades, ayuda a acelerar la cicatrización de heridas, úlceras, quemaduras, forúnculos, acné, eczemas, psoriasis, etc.

 
Cómo usarlos

Los aceites orgánicos se pueden utilizar aplicándolos directamente sobre la piel, de la misma forma que si estuviésemos usando nuestras cremas diarias. Si acostumbramos a utilizar cremas industriales que tienen cierta textura y cierto color, puede resultar extraño aplicar sobre la piel un aceite que normalmente no huele a nada o, como mucho, huele ligeramente al fruto de la planta. Lo cierto es que casi todos los aceites se absorben con rapidez, por lo que esa sensación extraña tiene más que ver con una falta de costumbre que con una incomodidad real.
Los aceites orgánicos o vegetales se pueden usar solos (por ejemplo, argán para pieles maduras, o rosa mosqueta para pieles acnéicas), aunque lo ideal es combinarlos con otros aceites indicados en cosmética natural y con aceites esenciales para utilizar sus propiedades terapéuticas y reforzar así el tratamiento que queramos llevar a cabo dependiendo de nuestro tipo de piel.

2 comentarios

  1. SONIA

    23 agosto, 2017 a 16:49

    Excelente artículo, soy una enamorada de los aceites vegetales y su efecto sobre la piel es increible. Yo le suelo añadir aceites esenciales para potenciar su acción y aromatizar el aceite vegetal. Por ejemplo a nivel facial a una cucharada de aceite de Rosa Mosqueta le añado 1 gota de neroli, de lavanda o de algun cítrico para mejorar el efecto hidratante del aceite.
    Para mi son lo mejor para aplicar sobre la piel!!!!

  2. Piedad

    25 septiembre, 2017 a 3:10

    Saludos deseando salud, .exitos gracias por sus consejos soy una persona que me gusta cuidar mi piel me gusta el aceite de Goji como puedo comprar por favor Gracias.

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