Su misión es calmar el dolor. Estos medicamentos no curan la enfermedad, pero son de gran utilidad para tratar los síntomas, al bloquear el avance de los impulsos dolorosos hacia el cerebro.

Los analgésicos de uso común tienen como principio activo el paracetamol o el ácido acetil salicílico (salicilato).

En ocasiones llevan principios activos añadidos, como la cafeína, que actúa como suave estimulante frente al decaimiento propio de la enfermedad.

 

Además, poseen dos propiedades importantes:

 

Antipirético. Disminuye la fiebre

Antiinflamatorio. Disminuye la inflamación

 

Propiedades del Paracetamol

 

Indicado para el dolor y la fiebre, pero no posee acción antiinflamatoria

Se comercializa en múltiples presentaciones. Las gotas son especialmente indicadas en pediatría

Tiene pocos efectos secundarios

Está contraindicado para enfermos hepáticos o alcohólicos

Puede alterar los análisis clínicos

Debe consultarse su administración junto a otro fármaco

Debe administrarse la dosis indicada en función de las necesidades, el peso y la edad

 

 

Propiedades del Ácido acetil salicílico

 

Acción antipirética y antiinflamatoria

Se emplean también en otros tratamientos como artritis o prevención del infarto

Se comercializa en múltiples presentaciones

Efectos secundarios que afectan al estómago y al intestino

Deben tomarse acompañados de comida y beber en abundancia

Puede alterar el proceso de coagulación. Consultar ante una operación o en el dentista

Debe administrarse la dosis indicada en función de las necesidades, el peso y la edad

 

Los analgésicos no deben tomarse durante más de diez días seguidos. Si el dolor persiste hay que acudir al médico.

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