Así se desprende de un artículo publicado en el último número de Neurology y llevado a cabo por la Universidad de Chongqing, en China.

Los investigadores analizaron a 837 sujetos con deterioro cognitivo leve, la fase de pérdida de memoria que precede al Alzheimer. De éstos, 414 presentaban al menos un factor de riesgo. Después de cinco años de seguimiento, 298 personas desarrollaron la enfermedad neurológica. El resto continuó presentando deterioro cognitivo leve. Los resultados mostraron que los sujetos con presión arterial elevada, diabetes, colesterol alto y enfermedad cerebrovascular fueron dos veces más propensos a desarrollar Alzheimer.

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TERAPIA PREVENTIVA
Hasta ahora se conocía que estos factores de riesgo estaban ligados a la patología, pero la relevancia del estudio radica en que “no sabíamos que tratarlos podría ser una medida de prevención”, indica Pablo Martínez-Lage, coordinador del grupo de estudio Conducta y Demencias de la Sociedad Española de Neurología (SEN).

Y es que los resultados sugieren que aquéllos que recibieron un tratamiento completo para tratar sus afecciones redujeron el riesgo frente a la enfermedad en un 39 por ciento, con respecto a los que sólo controlaron alguno de los factores de riesgo, cuyas posibilidades disminuían sólo un 26 por ciento. Dichas conclusiones, continúa el experto, “dan pie al diseño de estrategias preventivas frente a la enfermedad”.

Estudios previos ya habían determinado que una vida saludable no sólo previene al corazón, sino también al cerebro. A priori, matiza Guillermo García, miembro de la SEN, el control de la diabetes y la hipertensión parece ser el mejor método preventivo frente al desarrollo de la enfermedad. No obstante, “habría que observar con detenimiento el tiempo de incidencia de los mismos en el sujeto”.

Hasta la fecha se desconoce con exactitud el origen de la enfermedad. De hecho, sólo se sabe con certeza que el 1 por ciento se debe a la genética. Científicos de la Escuela de Medicina de Harvard, en Boston (Estados Unidos), arrojan nuevas pistas sobre su etiología a través de un trabajo que sugiere que la atrofia cerebral comienza una década antes de que aparezcan los primeros síntomas.

ANTESALA DE LA DEMENCIA
El estudio, publicado también en el último número de Neurology, analiza a dos grupos de sujetos sin signos de Alzheimer. En el primero se hizo un seguimiento a 33 personas durante once años, de las cuales ocho desarrollaron la patología, y en el segundo, se analizó a 32 sujetos durante siete años y se diagnosticó la demencia a siete.

Las conclusiones sugieren que se podría detectar a personas en riesgo de desarrollar Alzheimer, “aunque económicamente no parece muy viable”, señala Martínez-Lage, ya que la solución propuesta sería hacer una resonancia anual y el sistema sanitario actual no puede sufragar ese gasto. Por su parte, García se muestra optimista, ya que recuerda que cada vez hay más evidencias de que la enfermedad no aparece con una demencia senil, sino que tiene un periodo de latencia más largo. “Empezamos a ver sujetos normales que presentan alteraciones que podrían ser la antesala de la demencia, aunque todavía se trata de una hipótesis”.

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