La aplicación de vacunas en la primera infancia, según la medicina tradicional, es un refuerzo sin igual para prevenir todo tipo de enfermedades. En algunos casos particulares, sin embargo, veremos que las vacunas no están aconsejadas (de hecho, hasta pueden dar origen a más problemas que soluciones). Es importante tomar nota de las afecciones más delicadas en relación a la administración de vacunas, de manera de contar con herramientas para su tratamiento.

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Los casos en los que no se deben dar vacunas son todos en los que el sistema inmune del niño se encuentra debilitado por distintos motivos. Ciertos tipos de alergias, por lo demás, también pueden tener efectos negativos sobre el organismo que está a punto de recibir vacunas. Si un niño padece leucemia, cáncer, enfermedades que afecten directamente el sistema inmune (como el SIDA), puede que lo mejor sea evitar las vacunas.

Otros de los casos en los que no hay que dar vacunas a los niños son en situaciones en las que se sigue un tratamiento con corticoides o cuando se ha recibido algún tipo de transfusión sanguínea en los últimos meses. Dado que algunas vacunas pueden contener pequeñas cantidades de huevo o antibióticos especiales lo más recomendable es informar al pediatra sobre las alergias del niño antes de emprender una administración de vacunas. Tampoco hay que dar vacunas en casos de enfermedades infecciosas con fiebre, o en casos de vómito o diarrea intensa.

Para conocer los efectos secundarios que genera la administración en la infancia para algunos niños muchas veces la única alternativa es hacer la prueba con una primera vacuna. Si se llegan a producir efectos indeseados a cualquier nivel tendremos los indicios suficientes para avisarle al pediatra. Él nos recomendará vacunas especiales que no contengan algunos de los agentes que pueden estar ocasionando molestias en el niño o la niña.

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