La sociedad está mentalizada de lo que supone sufrir un cáncer, pero no lo está de lo que supone tener una arritmia cardiaca. Pues ésta mata más que el cáncer. Se llama arritmia a lo que no es rítmico, a lo que no es un ritmo normal –entre 100 y 60 latidos por minuto–. La más frecuente es la fibrilación auricular, que se origina cuando se produce un desajuste en el ritmo sinusal normal del corazón, que pasa a latir a una velocidad anormal y de forma descoordinada e irregular.

Se calcula que el 1% de la población padece una fibrilación auricular.“Hablamos de 440.000 personas en España”, advierte el cardiólogo Ignacio Fernández, jefe de sección de la Unidad de Arritmias del Hospital Universitario Puerta de Hierro Majadahonda y presidente de la Sección de Arritmias de la Sociedad Española de Cardiología. Si se incluyen las extrasístoles –latido anormal puntual–, ese porcentaje se eleva. “Prácticamente todo el mundo vive alguna vez en su vida algún episodio de extrasístoles”, matiza. ¿Qué síntomas producen? Este cardiólogo indica que “una arritmia provoca desde la muerte a nada”. Incluso, una arritmia asintomática puede desembocar en una muerte súbita. Si se padece, puede dar palpitaciones, síncopes, fatigabilidad y cansancio, mareos, opresión torácica, insuficiencia cardiaca aguda, pérdidas de conocimiento e inestabilidad. “Es muy variable. No es como el infarto, que da un síntoma concreto como un dolor muy intenso en el pecho”. El enfermo con una fibrilación auricular sin tratar multiplica su riesgo de mortalidad por 2,5 respecto a la población sana y por seis el riesgo de morbilidad, es decir, el riesgo de sufrir un ictus o una embolia, entre otros daños. Por ende, es un problema importante. Por eso, la Sociedad Española de Cardiología incide en la necesidad de concienciar sobre esto a la población.

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