Glóbulos blancos Los leucocitos o glóbulos blancos son bastante menos numerosos que los rojos (de 4 mil a 10 mil por mm cúbico) e intervienen en los mecanismos de defensa inmunológicos. Los linfocitos son de gran importancia en este sistema y se movilizan por cualquier clase de infección que se  produzca.

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Existen distintos tipos de glóbulos blancos: los polinucleares neutrófilos, los polinucleares eosinófilos y los basófilos, y el hecho de contar con una variación moderada de ellos no es alarmante.

Un aumento considerable de los glóbulos blancos puede ser el indicio de una enfermedad seria, pero no es indispensable verificar el diagnóstico por medio de la realización de otros exámenes.

Una disminución, puede significar que están circulando mal en la sangre o que la médula no se encuentra fabricándolos en la cantidad suficiente. Tal disminución suele producirse como consecuencia de la ingestión de determinados medicamentos, suministrados por los médicos a los pacientes que padecen enfermedades virales, o también, a consecuencia de radiaciones.

Si el análisis revela una inversión de la fórmula, es decir, una disminución de la tasa de los polinucleares neutrófilos en beneficio de los linfocitos puede tratarse de una infección viral.

 

Sedimentación

Este examen mide el tiempo que tardan los glóbulos rojos en sedimentarse en un tubo de ensayo bajo el efecto de la gravedad.

La velocidad de la sedimentación se expresa en milímetros-hora y se evalúa luego de 1 hora, 2 horas o 24 horas. Pasadas la primera hora, la altura de la sedimentación alcanza como media 10 mm en el caso de los adultos, y 20 mm en el caso de los niños. En las reglas, y durante el embarazo, aumenta claramente. Fuera de estos casos especiales, una aceleración de la velocidad de sedimentación puede ser un indicio de una infección, de una inflamación o de alguna enfermedad.

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