La actividad eléctrica que emana del cerebro se puede clasificar en cuatro formas de ondas cerebrales: Beta, Alfa, Theta y Delta. Dado que la intensidad de los cambios eléctricos está directamente relacionada con el grado de actividad neuronal, las ondas cerebrales varían en amplitud y frecuencia, según nos encontremos despiertos o en alguna de las diferentes fases del sueño.

Investigaciones han mostrado que, aunque un estado cerebral puede predominar en un momento dado, los tres tipos de ondas restantes están también presentes en todo momento. Por ejemplo, cuando nos vamos a dormir, las ondas cerebrales van pasando sucesivamente de Beta a Alfa, Theta y finalmente, Delta. Durante el sueño se producen ciclos que duran unos 90 minutos.

Los estados de reposo cerebral han sido ampliamente analizados en numerosos trabajos de investigación. El estudio funcional de los grandes sistemas neuronales a través de técnicas de electrofisiología de resonancia magnética mostró una organización en red altamente coherente que no deja nada librado al azar.

Son muchos los elementos que intervienen y se ponen en juego para que el estado de reposo del cerebro sea óptimo. Entre éstos se cuentan diversos elementos estructurales, cierta ralentización y fluctuación de las señales; todos ellos necesarios para conseguir un estado óptimo de reposo. Cuando parece que el cerebro no hace nada es cuando justamente está llevando a cabo una dinámica muy particular.

Con conclusiones como esta, se abren nuevas posibilidades para el avance en el diagnóstico y tratamiento de múltiples patologías neurológicas.

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