Son muchos los expertos en psicología y autoayuda que afirman que el ser humano debe quererse primero a sí mismo para poder querer de forma adecuada a los demás. Una frase que muestra el principio del cambio de la actitud vital positiva. Muchas personas necesitan la aceptación constante de los demás para vivir, de tal modo caen en la dependencia emocional. Por el contrario, no se paran a pensar en sí mismas. El ser humano debe de preocuparse por los demás, debe de cuidar a aquellos que tiene cerca, incluso, debe de cuidar el propio entorno con responsabilidad como muestran los valores ecológicos. Sin embargo, cuidar de uno mismo en muchas ocasiones se confunde con una idea egoísta. El egoísmo sano es esencial para poder vivir, para poder protegernos de aquello que puede hacernos daño, para rodearnos de personas que nos potencian y refuerzan en nuestras virtudes en lugar de criticar solamente nuestros defectos.

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Una persona que es egoísta de verdad sólo mira por sí misma, incluso, utiliza a los demás en base a su propio interés y beneficio. Por tanto, desde el egoísmo es difícil construir lazos de amistad verdaderos puesto que el principio de la amistad reside en el desinterés. Entonces… ¿Qué es el egoísmo sano? El amor hacia uno mismo que se consigue a través del trato adecuado mediante el pensamiento. El egoísmo sano implica encontrar un espacio en el día a día para el silencio, para la escucha interior y para la paz. Por otra parte, se trata de un sentimiento que también implica aprender a decir no en determinadas circunstancias a los demás, es decir, implica reivindicar el propio espacio y la propia personalidad sin temor al rechazo.

Conviene tener claro qué es el egoísmo y qué es el egoísmo sano para poder vivir en base a unos valores éticos que contribuyen al bienestar emocional.

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