El cerebro se empieza a formar en el último trimestre de la etapa de gestación. En ese momento se producen tres fenómenos donde es protagonista el DHA (ácido docosahexaenoico): la neurogénesis, que es la formación de las neuronas; la migración neuronal, donde éstas empiezan a migrar desde zonas centrales a otras periféricas del cerebro, y un proceso de sinaptogénesis que determina el grado de interconexión que establecen las neuronas.

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Aún cuando el niño no ha nacido necesita una adecuada cantidad de DHA, si queremos que tanto el cerebro como las células de la retina se desarrollen correctamente, pero el feto aparentemente no forma DHA o es muy ineficiente para hacerlo. La madre asume este rol, se deshace de su propio DHA traspasándolo al feto a través de la placenta y, cuando da a luz, a través de la leche materna. El nivel de dicho DHA en la leche materna depende de la dieta de la mujer, de ahí la importancia de una nutrición adecuada por parte de la madre antes y durante su embarazo. En general, el contenido en DHA de la fracción lipídica de la leche materna es del orden de 30 veces el de la leche de vaca, lo que ha sugerido la suplementación de la alimentación infantil con este ácido graso poliinsaturado.

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