Desde las primeras décadas del siglo XX una piel bronceada comenzó a ser un signo más de belleza al que todas las personas deseaban aspirar. Si bien hoy en día existen sistemas de bronceado artificiales, el método más práctico y económico siempre fue la exposición solar. Al exponer la piel al sol, de todas maneras, es necesario tomar algunas precauciones, especialmente frente a los rayos UVA y UVB.

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El sol genera tres tipos de rayos: UVA, UVB y UVC. Como los rayos UVC no llegan a penetrar la capa de ozono, los que pueden generar algún inconveniente en la piel de las personas son los rayos UVA y UVB. Los rayos UVA tienen una longitud de onda larga y están asociados a la pigmentación inmediata de la piel y al bronceado a largo plazo. Alcanzan las capas más profundas de la piel pero penetran con lentitud. Los rayos UVA pueden generar envejecimiento prematuro, problemas en los vasos sanguíneos y lesiones que podrían anticiparse al cáncer de piel. Los rayos UVB (de longitud de onda intermedia) tienen un mayor vigor pero no penetran demasiado en la piel. Son los responsables del cáncer de piel, las quemaduras y otros problemas dérmicos de gravedad.

El uso de un buen protector solar puede ser el mejor antídoto para prevenir la mayoría de los problemas dérmicos asociados a una exposición solar demasiado extensa. Los rayos UVA y UVB son bloqueados por completo al elegir un protector con efecto de bloqueo o pantalla. En el caso de los bronceadores solo se bloquean los rayos UVB (lo que posibilita la pigmentación de la piel).

El protector solar recomendado para las personas que deseen bloquear los rayos UVA y UVB, previniendo la mayor parte de los problemas dérmicos asociados a la exposición solar, dependerá del tipo de piel de cada individuo (los extremos son los de piel blanca, con pecas y ojos claros, y pieles oscuras con cabello negro y sin pecas).

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