El diagnóstico. La ecografía es el primer paso a dar para confirmar el diagnóstico. Realizada por vía abdominal o endovaginal, permite determinar el tamaño del quiste, su forma, su localización, su movilidad, su carácter uni o bilateral, su consistencia homogénea o heterogénea, líquido o sólido, el espesor de la pared o la existencia eventual de otros elementos intraquísticos.

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En caso de quiste funcional, la ecografía muestra un tumor líquido, de paredes muy finas. La evolución suele ser espontánea, y los análisis complementarios se realizan algunas semanas más tarde, en el caso de que el quiste no haya desaparecido por sí mismo. A través de la ecografía se puede hacer una punción. El análisis de la muestra recogida puede orientar el diagnóstico para ver si se trata de un quiste funcional u orgánico.

Con ese mismo objetivo, un Doppler permite ver la vascularización del quiste. Si se sospecha de que puede tratarse de un cáncer de ovarios, hay que proceder a la realización de un escáner de abdomen, en la zona del bajo vientre.

El tratamiento del quiste de ovarios

En algunos casos, o cuando un quiste funcional no desaparece espontáneamente, se puede prescribir un tratamiento. Se trata de una píldora estroprogestativa a fuertes dosis.

Si hubiera algún tipo de complicación, normalmente se debe extirpar con una laparoscopia. En caso de tratarse de un tumor maligno, la paciente debe dirigirse a un centro oncológico especializado.

El cáncer de ovarios

Por suerte son menos frecuentes que los quistes. El riesgo es mucho más elevado, tras la menopausia, y en mujeres con antecedentes familiares o personales de haber padecido con anterioridad cáncer de mama. Estas pacientes deben someterse a un examen clínico mucho más minucioso.

En caso de cáncer, se debe proceder a la ablación del útero, de las trompas y de los dos ovarios. Esta cirugía suele completarse con una serie de sesiones de quimioterapia.

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