El glaucoma es una enfermedad del ojo que termina por provocar lesiones del nervio óptico que son irreparables. Por lo tanto es indispensable detectar esta enfermedad lo antes posible. Los tratamientos existen. Si bien no permiten reparar los daños sufridos, en cambio son capaces de parar la evolución del glaucoma.

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El glaucoma está relacionado con el aumento de la presión ocular por un exceso del humor acuoso (líquido que contiene el ojo entre la córnea y el cristalino). Es esta hipertensión en el interior de ojo la que puede provocar una compresión del nervio óptico y causar daños en las fibras nerviosas que lo componen. La percepción visual se ve alterada y el campo de visión se estrecha.

Detección del glaucoma a los 45 años

La detección del glaucoma se basa en un control regular de la visión, a partir de los 45 ó 40 años, en caso de antecedentes familiares. Solamente el oftalmólogo puede realizar este tipo de diagnóstico, y precisar el tipo de glaucoma y su tratamiento.

Los tratamientos del glaucoma

Tres tipos de tratamientos son posibles: los colirios, los láseres, y la cirugía.

Los colirios

En función de su composición, permiten disminuir la cantidad de humor acuoso producido, o aumentar su evacuación. Se administran directamente en el ojo, una o varias veces al día, en un horario regular.

El tratamiento es muy exigente, puesto que un olvido o un desfase en el horario puede provocar una serie de complicaciones sobre el estado general del organismo, como una aceleración del pulso cardíaco.

Los láseres

Existen varias clases de láseres, que permiten disminuir la producción de humor acuoso, o facilitar su evacuación. Por ejemplo, ciertos tratamientos cortan los tejidos para abrir un pequeño paso al exceso de humor acuoso, otros retiran precisamente una parte del trabéculo, el filtro natural que permite normalmente garantizar una presión intraocular adecuada. Otros, finalmente, queman los tejidos responsables de la producción de humor acuoso.

La cirugía

Esta operación se practica como último recurso, cuando los colirios y el láser no han dado ningún tipo de resultado satisfactorio. El método consiste en facilitar el drenaje del humor acuoso, realizando un agujerito en el iris.

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