Una vez que el virus de la rubéola se haya hecho presente en una persona, los síntomas empezarán a aparecer entre los 14 a los 21 días; lo primero que se puede llegar a notar son pequeñas erupciones rosaceas que aparecen en la cabeza, las cuales se van distribuyendo a lo largo del cuerpo hasta llegar a los pies; estas erupciones se presentarán con mayor incidencia a nivel del tronco. Las erupciones no suelen presentar picazón ni molestia alguna, desapareciendo en unos cuantos días sin dejar una huella en el cuerpo.

 

Esa es una de las maneras más fáciles para poder detectar a la rubéola como infección a nuestro organismo, aunque también podrían presentarse unos cuantos efectos muy similares a los de la gripe, siendo éstos:

 

  • Malestar general.
  • Enrojecimiento de los ojos.
  • Poca incidencia de fiebre.
  • Dolor de garganta.
  • Una inflamación dolorosa en la región posterior de las orejas.
  • Inflamación dolorosa en el área de los ganglios y alrededor de la nuca.

Incidencia de la rubéola en niños y adultos

 

Los adultos son quienes más pueden llegar a padecer la rubéola, aunque sí se presenta en los niños, en ellos se manifestará con una otitis o inflamación de los oídos. Una persona adulta que llegue a sufrir de esta enfermedad puede llegar a desarrollar una más grave, estando por ejemplo la neumonía y la encefalitis, algo que generalmente se da una persona de cada 1000 casos detectados. Hay que tener mucho cuidado de no contraer esta última complicación, ya que ello podría provocar:

 

  • Estado de coma.
  • Un retraso mental presentándose a largo plazo.
  • Epilepsia.
  • La muerte de quien la padece.

 

Debido a estas circunstancias, lo mejor es tener que prevenir antes que lamentar; para ello existe la vacuna triple vírica, la cual tiene la capacidad de inmunizar al cuerpo contra la rubéola, las paperas y el sarampión, mostrando una eficacia de casi el 100% en todas aquellas personas a las que se les haya administrado. Se recomienda que esta vacuna sea ofrecida a los 15 meses de recién nacido el bebé, habiendo una segunda dosis para ser administrada en la época de la escolarización, algo que puede encontrarse entre los cuatro a los seis años de edad. Quienes no hayan recibido a estas vacunas en dichos períodos de tiempo, en la edad adulta también se lo puede realizar.

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