La hepatitis alcohólica es una condición donde se presenta inflamación del hígado debido a la ingesta de alcohol. A pesar de que la hepatitis alcohólica es una enfermedad que suele ocurrir en personas que han ingerido grandes cantidades de alcohol durante muchos años, la relación entre esta ingesta y el trastorno es compleja. No todos los grandes bebedores desarrollan hepatitis alcohólica, e incluso, esta puede llegar a aparecer en personas que beben moderadamente.

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De ser diagnosticado con hepatitis alcohólica, se debe abandonar inmediatamente el hábito de beber alcohol, en caso contrario, se puede seguir desarrollando un daño cada vez mayor en el hígado en forma de cirrosis y falla hepática.

Algunas formas leves de la hepatitis alcohólica pueden no presentar síntomas, pero al avanzar la enfermedad y generar más daño al hígado, los principales signos de esta enfermedad se suelen presentar como pérdida del apetito, nauseas y vómitos, dolor e hinchazón abdominal, color amarillento en la piel y en los ojos, fiebre, confusión mental y fatiga.

Las complicaciones que se pueden generar van desde el aumento de la presión arterial, encefalopatía hepática e ictericia, hasta una cirrosis que frecuentemente lleva a una falla hepática irreversible pudiendo causar la muerte.

La principal medida que se toma al tener un diagnóstico positivo de hepatitis alcohólica es la interrupción de la ingesta de alcohol. Si la inflamación hepática se presenta de forma grave, algunos medicamentos, como corticosteroides,  pueden ser prescriptos como tratamiento a corto plazo para reducirla. Cuando el daño al órgano es extremo, un trasplante de hígado puede ser la única solución posible.

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