La depresión suele iniciarse por una serie de condicionantes sociales que rodea a la madre. Pueden ser problemas de salud, mal estar físico, inestabilidad de la pareja, antecedentes familiares, pérdida de hijos anteriormente.

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Debes acudir a un especialista si estás embarazada y presentas los siguientes síntomas, porque puedes estar sufriendo una depresión:

-Falta de interés y desgana por cosas cercanas, de las que antes disfrutabas.

-Insomnio o exceso de sueño.

-Problemas para llevar a cabo acciones que precisan concentración.

-Debilidad, apatía, pérdida de energía.

-Cambios severos de apetito.

La depresión puede ocurrir en etapas tempranas del embarazo. En ocasiones, recibir la noticia de estar embarazada, no es bien aceptada por algunas mujeres, apareciendo la depresión durante el embarazo. Durante el tercer trimestre, nuestro cuerpo se prepara para el parto, pero a su vez nos hacemos más consciente de que el parto y el cuidado del niño puede ser duro, nos asustamos y entristecemos, pudiendo caer en la depresión. Si la depresión es persistente, la mujer está más predispuesta a tener depresión posparto. Con esta enfermedad, es probable un déficit afectivo hacia el niño, y sus llantos provocarán en la madre cierta apatía, tristeza o angustia.

Existen dos tipos de procesos depresivos:

-Leve, también llamado Distimia: Suele tener una duración prolongada y la mujer presenta dificultad para llevar a cabo las funciones diarias.

-Grave: La mujer presenta graves problemas para llevar a cabo las funciones básicas como comer, dormir, trabajar, etc.

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