Los cambios en la dieta desde la década de 1960 han provocado un fuerte aumento en la cantidad de fósforo extraído para producir los alimentos que consume una persona promedio en el transcurso de un año, según un nuevo estudio dirigido por investigadores de la Universidad McGill.
Entre 1961 y 2007, el aumento del consumo de carne y la ingesta total de calorías apuntaló un aumento del 38% per cápita del mundo en la “huella de fósforo”, según concluyeron los investigadores en un artículo publicado recientemente.

fertilizantes

Los resultados ponen de relieve un reto importante en los esfuerzos de gestionar de manera sustentable la cantidad de fósforo extraído, un recurso no renovable, ampliamente utilizado como fertilizante. Cuando el fósforo se pierde por escorrentía agrícola o sistemas de alcantarillado, puede contaminar las vías fluviales aguas abajo. Además, dado que los depósitos están muy concentrados en unos pocos países, los suministros mundiales y los precios de los recursos son vulnerables a las tensiones geopolíticas.

En los últimos años, muchos investigadores han explorado cómo la actividad humana ha alterado el ciclo del fósforo en el medio ambiente y cómo la gestión de fósforo podría ser alterada para garantizar la sostenibilidad a largo plazo.
Los nuevos resultados demuestran que los cambios en la dieta pueden ser una parte importante de la estrategia para mejorar la sustentabilidad de la gestión de fósforo. En particular, la reducción del consumo de carne en países con grandes huellas de fósforo podría poner una gran mella en la demanda de fósforo extraído, ya que se necesitan muchos kilogramos de alimento, que son fertilizados, para producir un kilo de carne.

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