En la vejez, surgen nuevos achaques y algunas limitaciones físicas como consecuencia del paso de los años. Dichas limitaciones, a veces, también implican pérdidas de memoria. Por otro lado, la soledad en la última etapa de la vida puede ser habitual puesto que el anciano ha visto morir a muchas personas queridas. De hecho, a veces, algunos mayores han tenido que hacer frente a la peor de las tragedias: la muerte de un hijo.

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La felicidad en la vejez es posible. Pero por supuesto, el anciano en su fragilidad necesita del cariño y del amor de los demás. Por tanto, el anciano necesita sentirse parte importante de la familia. Un valor que por ejemplo en la filosofía oriental sigue vigente pero que en la sociedad occidental está en decadencia.

La felicidad en la vejez implica el recuerdo gozoso del pasado. Por otra parte, el anciano también debe de disfrutar el presente desde la tranquilidad y la paz. A nivel médico, por supuesto, el anciano debe de sentir total confianza en su médico para poder hacer frente a cualquier malestar. A veces, los mayores sólo necesitan llamar la atención para recibir un poco de afecto y cariño. Además, hoy día ha aumentado de forma notable la esperanza de vida como consecuencia de la mejora en la calidad de la higiene y también en el desarrollo médico.

De hecho, la soledad en las personas mayores es todavía mayor en las grandes ciudades que en los pueblos donde existe una vida más cercana entre los vecinos. La dependencia emocional es perjudicial para cualquier persona, sin embargo, en la vejez es esencial para poder vivir. El anciano por pura ley natural depende del cuidado y de la compañía de los más cercanos para poder estar bien al cien por cien en cuerpo y alma.

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