La gota es una enfermedad que provoca artritis en las articulaciones por la acumulación de cristales de ácido úrico. Estos mismos cristales de dimensiones microscópicas pueden acumularse en los riñones provocando, entre otras enfermedades, cólicos nefríticos. Se calcula que un 20 por ciento de los que padecen gota acaban teniendo este tipo de cólicos.

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La gota afecta cuatro veces más a los hombres que a las mujeres y sus causas principales son el exceso de ácido úrico, la obesidad, la hipertensión y  el abuso del alcohol. Sus ataques se presentan repentinamente y se caracterizan por la hinchazón de la articulación y un dolor intenso que afectan principalmente a la base del dedo gordo del pie. En algunos casos se pueden afectar otras articulaciones como las de los tobillos o las de las rodillas, incluso se pueden inflamar los tendones y las bolsas sinoviales.

 

Los síntomas descritos y el examen de la articulación afectada hacen que un médico pueda diagnosticar sin problemas una gota. Este diagnóstico se puede confirmar con una analítica y con la extracción de líquido de la articulación afectada, donde se pueden apreciar al  microscopio los cristales de ácido úrico.

A la hora de plantear un tratamiento para la gota hay que atacar principalmente el dolor, por lo que se recurre a antiinflamatorios no esteroideos, como el ibuprofeno. También puede ser muy positivo para ello inmovilizar la articulación.

Para prevenir futuros ataques de gota es importante beber mucha agua y llevar una dieta rica en cereales, féculas y verduras. Si el nivel de ácido úrico en sangre es muy elevado el médico prescribe un medicamento inhibidor de esta substancia.

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