La hidroterapia reagrupa todas las prácticas, utilizando el agua con fines terapéuticos. El principio general de la hidroterapia es el de utilizar la temperatura del agua con el fin de restaurar la circulación sanguínea tras una enfermedad, desprendiéndose de todas las impurezas del organismo.

La hidroterapia depende mucho de la utilización del agua a temperaturas diferentes. Una agua templada tiene pocos efectos. El agua caliente dilata las venas, mientras que el agua fría las contrae.

La utilización del agua caliente o del agua fría, alternativamente, obedece a una serie de objetivos diferentes. Se utiliza igualmente en hidroterapia la fuerza que ofrece el agua a presión, y que puede ejercer sobre el cuerpo sumergido, al igual que su posibilidad de transformarla en burbujas, en chorros o en corrientes.

La hidroterapia puede ser utilizada en caso de enfermedades, pero también para la puesta a punto o el bienestar general del organismo. Podemos distinguir la balneoterapia (hidroterapia utilizando agua de mar), que es una parte de la talasoterapia, y la crenoterapia (hidroterapia utilizando agua mineral), que se practica en balnearios termales.

Las prácticas con hidroterapia son muy diversas. El agua puede ser utilizada en forma líquida, sólida, o gaseosa, y su aplicación puede ser tanto interna como externa. Los principales usos externos son los baños, completos o en ciertas partes del cuerpo (en piscinas, bañeras, sauna, balnearios o termas), a base de duchas, chorros a presión, fricciones, o compresas.

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