La importancia de toma agua y su calidad se debe a que tiene múltiples funciones corporales y además el cuerpo humano está compuesto en un 70% de agua, el cerebro se compone en un 70% de agua, la sangre en un 80% y los pulmones se componen en un 90% de agua.

Acostumbrarse a identificar la sed y beber lo suficiente y de forma adecuada beneficia al organismo y aporta bienestar. Los alimentos más hidratantes: los alimentos más ricos en agua son las verduras. El récord lo tiene el pepino, con una proporción del 95,6% del peso. Le sigue la lechuga (94,4%). Las hortalizas de raíz tienen una proporción algo menor: 88,6% la zanahoria, por ejemplo. La fruta es casi igual de jugosa. Las sandías y los melones contienen hasta un 92% de agua. Las manzanas y las peras, en torno al 84%. Las frutas desecadas, un 20%. Los productos lácteos más ricos en agua son el yogur (86%) y el queso fresco (79%). Los quesos blancos de tipo camembert contienen un 50% de agua y los curados un 34%. Los cereales y legumbres contienen un 12% (secos) pero cocidos pueden llegar al 71%. El pan varía entre un 34 y un 37%. El organismo no es capaz de fabricar toda el agua que necesita. Teniendo en cuenta que se elimina 1,5 litros a través de la orina, 0,5 litros a través del sudor y unos 0,4 por el aliento, resulta que se deben recuperar 2,5 litros. Ahora bien, todas estas cifras son medias estadísticas. La realidad individual varía en función del peso corporal, la actividad y el clima, entre otros factores. La necesidad de 2,5 litros-se toma esta cifra como referencia- se satisface a través de los alimentos sólidos y de las bebidas. La distribución depende el tipo de alimentación. Por ejemplo, si se sigue una dieta ligera en calorías que incluye cantidades importantes de frutas y verduras, que son agua en un 85-95%, la necesidad de beber agua es menor que si los menús son calóricos y se consumen muchas carnes, grasas, pan, patatas fritas o azúcar, que son alimentos con una proporción baja en agua. El exceso de sal en la dieta es otro factor que aumenta la necesidad de líquido. Desde este punto de vista se puede hablar con toda la razón de dietas más o menos hidratantes

La mayoría de los nutricionistas están de acuerdo en que se debe beber diariamente en torno a 1,5 litros de agua, pero teniendo en cuenta que se trata de un consejo teórico y que, por ejemplo, las personas pesadas, que hacen ejercicio y comen pocos vegetales, pueden precisar el doble o más. Por otra parte, en las estaciones cálidas aumentan las necesidades, sobre todo si se realizan actividades deportivas, se toma el sol o el clima es húmedo. Conviene saber que los médicos deportivos recomiendan que se beba entre 0,5 y 1 litro por cada hora de ejercicio. Asimismo, aconsejan que se beba antes, durante y después de la actividad.

¿SABES CUANDO TIENES SED?

En la práctica, la cantidad de agua que se bebe debería estar marcada por la sed, que es el medio utilizado por el organismo para evitar la deshidratación. El problema es que para percibir la sed hace falta estar atentos y hacerle caso. Es posible ir perdiendo sensibilidad hacia la sed porque no se bebe ante los primeros síntomas, que son una sensación de sequedad en la boca y constricción en la faringe y glotis. Es una de las razones por las que muchos ancianos, que además se han acostumbrado a las sensaciones de sequedad asociadas a la edad, beben menos de lo necesario. Otro motivo para la pérdida de sensación de sed es que se confunda con el hambre. Es frecuente que una persona sienta sed y, en lugar de beber, coma. Sobre todo si está algo ansiosa. Pero se trata de sensaciones diferentes: el hambre no se manifiesta en la boca, sino en el estómago

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