Cuando los músculos se estimulan al máximo en un experimento de laboratorio, pero sin permitir que aumente la presión arterial, el flujo sanguíneo muscular raramente aumenta más de ocho veces. Aún así, se sabe por los estudios que el flujo sanguíneo de los corredores de maratón puede aumentar desde tan sólo 1 l/minuto en todo el organismo durante el reposo hasta al menos 20 l/minuto durante la actividad máxima. Por tanto, está claro que el flujo sanguíneo muscular puede aumentar mucho más de lo que se consigue en el sencillo experimento de laboratorio que se ha comentado.

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Pero ¿cuál es la diferencia? Principalmente, que la presión arterial aumenta durante el ejercicio normal. Si suponemos que la presión arterial aumenta un 30%, un incremento habitual durante el ejercicio intenso, este incremento provocará que una fuerza un 30% mayor empuje la sangre a través de los vasos del tejido muscular; pero no es el único efecto importante, ya que la presión extra también estirará las paredes de los vasos tanto que el flujo muscular total aumentará más de 20 veces por encima de lo normal.

Durante el ejercicio también se producen muchos efectos fisiológicos diferentes para aumentar el gasto cardíaco en proporción al grado de ejercicio. De hecho, la capacidad del sistema circulatorio de proporcionar el aumento del gasto cardíaco necesario para aportar el oxígeno y otros nutrientes hacia los músculos durante el ejercicio es tan importante como la fuerza de los músculos para establecer el límite del trabajo muscular continuado.

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