El mercurio es uno de los metales que, en dosis excesivamente altas, pueden resultar peligrosos para el ser humano. A temperatura ambiente este metal siempre se encuentra en estado líquido. Las vías por las que el mercurio puede llegar a ingresar al organismo con resultados de toxicidad son la piel, el tracto digestivo y las vías respiratorias (también se puede transmitir de forma parenteral). Cuando se produce una intoxicación por mercurio los depósitos de este metal por lo general se acumulan en órganos como el hígado y los riñones. La forma de eliminación del exceso de este metal cuando se produce una intoxicación por mercurio es a través de las heces, la saliva, el sudor y la orina.

Los síntomas que exhibe una persona en un caso de intoxicación por mercurio varían notablemente en función del tipo de intoxicación que ha sufrido. Hay casos de intoxicación por derivados inorgánicos y otros en los que la intoxicación por mercurio se debe a elementos orgánicos. En el primer caso los síntomas más comunes incluyen colitis y gastroenteritis. Si se produce un bloqueo a nivel renal puede verse comprometida la función depurativa que lleva adelante este órgano. En los casos de intoxicación por mercurio en forma de compuestos orgánicos se producen problemas neurológicos, adormecimiento de las manos y problemas oculares.

El mercurio inorgánico suele estar presente en pilas, algunos productos de limpieza y desinfectantes. El orgánico, en cambio, proviene de distintas emanaciones y del consumo de pescados que hayan ingerido un derivado del mercurio. En caso de presentarse alguno de los síntomas asociados a la intoxicación por mercurio es importante hacer una consulta con el médico de forma inmediata, registrando el momento en el que se cree se ha ingerido la sustancia tóxica.

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