Por la forma en que los estudios científicos y los gurúes de la salud han promocionado los beneficios del té en los últimos años cualquiera podría pensar que se trata de una especie de elixir mágico. Se dice que mejora la salud del corazón, que reduce el riesgo de cáncer, que sirve para tratar la demencia y la diabetes. No hay un beneficio para la salud que no se le haya acreditado a tomar el té.

Es importante definir a qué se refiere cuando se habla de té. Cuando los científicos hablan de té, se incluye a las variedades negro, verde, oolong y blanco, que se hacen con las hojas de la planta Camellia sinensis. Las infusiones de hierbas, como manzanilla o menta, no se consideran técnicamente té. Se trata de infusiones de otras plantas con diferentes características nutricionales.

 

Los tipos de té se diferencian entre sí por la forma en que se preparan las hojas y el punto de maduración en el que fueron cosechadas. Los resultados se aprecian en el sabor y en el contenido nutricional de cada uno de ellos.

 

El té negro está hecho de hojas que se han marchitado y luego se oxida por completo (lo que significa que los productos químicos en las hojas se modifican a través de la exposición al aire). Las hojas de té verde se marchitaron pero no se oxidaron. El té oolong se ablanda y se oxida parcialmente y el blanco no se ablanda ni se oxida en absoluto. Los cuatro tipos son ricos en polifenoles, un tipo de antioxidante que protege a las células del daño en el ADN que puede causar cáncer y otras enfermedades. Son los polifenoles del té que lo han hecho la estrella de tantos estudios, ya que los investigadores tratan de averiguar si ese compuesto químico se traduce en verdadero potencial para combatir enfermedades.

La mayoría de las investigaciones se han centrado en el té negro, que es el que aproximadamente el 75% del mundo bebe y el té verde, la variedad más consumida en China y Japón. El té verde contiene una cantidad especialmente elevada de antioxidantes en particular, un tipo de polifenol llamado catequina. Es por eso que hay cinco veces más estudios sobre verde que sobre té negro cada año.

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