La violencia tiene múltiples formas y diversos matices. Sin duda, la violencia en el seno del hogar es la más difícil de detectar puesto que se produce en la más estricta intimidad. Todo aquello que sucede de puertas para adentro de una casa forma parte del ámbito privado de una familia. De hecho, a veces las apariencias engañan y aquellas parejas que se muestran felices en público son profundamente infelices en el ámbito privado.

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La violencia es la forma más dramática de un concepto del amor mal entendido puesto que amar a otra persona implicar respetarle y quererle. Detrás de todo acto de violencia existe una víctima que pierde su autoestima. Sin duda, la violencia doméstica se ha convertido en un problema social dado el elevado número de casos de violencia de género que cada año, supone la muerte de un número importante de mujeres que se convierten en protagonistas involuntarias de los telediarios.

Pero la violencia de género no sólo afecta al ámbito de la pareja sino también a los niños. Por ejemplo, existen niños que son testigos de la falta de respeto de su padre hacia su madre, incluso, a veces, han podido protagonizar ciertas peleas o algunos golpes. Todos aquellos recuerdos traumáticos de la infancia dejan una profunda huella en los más pequeños de la casa.

El mejor regalo que pueden tener los niños es el amor. Vivir en un hogar estable y sereno donde el diálogo y la palabra llenan el espacio de paz y esperanza. Por el contrario, aquellos niños que han crecido en un hogar violento pueden volverse desconfiados y perder la esperanza en el ser humano.

Sin duda, para hacer frente a vivencias de este tipo es muy importante contar con la ayuda de un psicólogo para poder afrontar el dolor y reconstruir de forma positiva el mundo emocional.

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