Esta patología aparece siempre como reacción a ciertos conflictos psíquicos. Sin embargo, la persona anoréxica no presenta desarreglos mentales aparentes, lo que explica las dificultades de algunos padres y médicos para reconocer su origen psicológico, así como la gravedad del problema, a los que no se les presta excesiva atención.

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En esta lucha (a brazo partido), la persona anoréxica lleva un auténtico combate contra su cuerpo que toma demasiada importancia, y que lo percibe como una amenaza. La metamorfosis de la pubertad la perturba. La aparición de los signos y las pulsiones sexuales producen cierto traumatismo.

La persona anoréxica busca el dominio de su cuerpo, a través de un control radical de su aspecto físico, intentando borrar las marcas de su feminidad. La adolescente no desea tener cuerpo, y niega su propia imagen. La personas que sufre esta enfermedad, reduce drásticamente su existencia a través de un dominio intelectual, para poner distancia entre sus emociones y su vida afectiva.

Muchas veces, la anorexia tiene que ver con las críticas que la adolescente ha recibido en su infancia con relación a su aspecto físico. Otro fenómeno que tiene cierta relación con la anorexia es la obsesión de la sociedad por tener una figura delgada. Muchas jóvenes encuentran un desajuste enorme entre el ideal que presentan las modelos de pasarela, y la realidad física a la que tienen que enfrentarse todos los días.

Las adolescentes tienen la impresión de no ser normales, o no lo suficientemente guapas. Esto las conduce a comer cada vez menos, y a encontrar cierto placer haciéndose anoréxicas.

El tratamiento

Las anoréxicas no suelen pedir ayuda, incluso la rechazan, puesto que creen saber qué es lo que más les conviene. La negación de la enfermedad suelen conducirlas a una hospitalización, donde la paciente se pone en manos de nutricionistas que vigilan continuamente su peso y su salud.

La adolescente es separada de su familia, y a veces debe ser aislada en una habitación vigilada. Esta separación no suele durar más de dos meses. Paralelamente, se realiza un tratamiento de psicoterapia. Estas terapias se suelen asociar a una actuación conjunta con los padres, de forma que no se culpabilicen, y puedan reflexionar sobre el funcionamiento de la familia.

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