En nuestra particular batalla contra los kilos de más son varios las características que debemos tener en cuenta, y hoy vamos a compartir una más con vosotros. Actualmente no sólo se come mal y a horarios incorrectos, sino que también se hace con demasiada rapidez.

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El estrés, las preocupaciones diarias y el trabajado acumulado son factores que no nos van a ayudar a la hora de sentarnos en la mesa. En estos casos, es normal que las comidas las terminemos con la mayor brevedad posible y en escasos minutos ya nos hayamos levantado.

Mucha gente piensa que “no importa la rapidez con que como, al fin y al cabo lo que importa es lo que ingiero”. Gran error. Es cierto que no hay diferencias importantes entre desayunar en 20 min.o en 25, por decir un ejemplo (siempre que los alimentos sean los apropiados). El problema viene cuando en lugar de dedicarle unos 20 min. a una comida principal, nos bastan apenas 5.

¿Por qué no son buenas las prisas?

Nuestro cerebro tarda aproximadamente veinte minutos en asimilar los alimentos que tomamos, es por eso que si en 5 min. comemos una cantidad muy grande de alimento no nos vamos a sentir saciados hasta varios minutos después.

Los expertos no dan datos claros en cuanto a la cantidad de tiempo necesaria, pues entre otros factores variará dependiendo de la dieta del sujeto y las calorías que consume. No obstante, para una persona normal, hacer alguna de las comidas principales en menos de 20 min. no resulta nada recomendable.

Normalmente os damos varios trucos o consejos que os puedan ayudar, pero en este caso la solución es muy simple: tómate más tiempo a la hora de comer; tu cuerpo lo agradecerá.

Si aún así te está costando, siempre puedes probar con soltar los cubiertos cada vez que lleves algo a la boca, costumbre que acabarás realizando de forma automática y que te sumará algunos segundos a cada bocado que hagas.

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