Con la llegada del otoño las temperaturas descienden de forma notable. La llegada del frío se percibe de forma más clara a principios del mes de diciembre con la proximidad de la entrada del invierno. Cualquier persona debe de protegerse del frío, es decir, debe abrigarse para evitar contraer un catarro, una gripe o un resfriado. Sin embargo, existen sectores de la población especialmente sensibles al efecto de las bajas temperaturas: los ancianos deben de cuidarse especialmente durante este tiempo. Es decir, los mayores deben evitar salir a la calle en los días en los que una ola de frío marca temperaturas de vértigo en la calle. Durante esos días, los mayores deben permanecer al amparo del calor del hogar y arropados por la calefacción. Sin duda, la alimentación también es una forma de combatir los efectos del frío, por ejemplo, es posible disfrutar de una agradable sopa caliente a la hora de la cena o tomar un tazón de leche antes de ir a dormir.

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Los ancianos deben evitar salir a la calle en aquellos días en que las temperaturas bajo cero hacen acto de presencia en la calle igual que es importante que eviten salir en verano durante las horas de máximo calor. Por tanto, se trata de un gesto de mera prudencia que implica el cuidado de uno mismo y la defensa de la salud.

En los días de un frío extremo, los ancianos pueden pedir a algún familiar o a algún vecino que sea tan amable de realizar algún recado, por ejemplo, la compra. Por otra parte, durante esos días también pueden aprovechar para disfrutar de la programación televisiva o leer un libro puesto que una buena historia puede ser la mejor compañía en los meses del frío.

Otra forma de combatir el aburrimiento puede ser llamar por teléfono a los familiares cercanos para tener una agradable conversación o invitar a alguien a merendar en casa.

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