La gonorrea resistente a los antibióticos es una realidad preocupante que va en aumento, y se necesitan tomar medidas para limitar el riesgo de que una cepa intratable de esta enfermedad de transmisión sexual se expanda.
Investigadores en Estados Unidos han informado que se está intentando dar un paso adelante al publicar estas advertencias y alarmas.

Cerca de 600 mil estadounidenses contraen gonorrea cada año, haciéndola la segunda enfermedad de transmisión sexual más común.

La gonorrea resistente a antibióticos no es un fenómeno nuevo. Durante la segunda guerra mundial, la gonorrea se tornó resistente a la droga sulfanilamida; en la década de 1980, a la penicilina y la tetraciclina; y más recientemente se observó resistencia a las fluoroquinasas en el año 2007.
El problema de hoy, sin embargo, es que las llamadas cefalosporinas de tercera generación son los únicos antibióticos que aún son efectivos al ser tomados con uno de dos de otros antibióticos orales.

El punto ahora es que se ha llegado a la última clase de antibióticos hasta el momento conocidos (que han sido estudiados) que son efectivos para el tratamiento de esta enfermedad. Si una cepa resistente de gonorrea fuera a afianzarse cabría la posibilidad de no contar con ningún otro antibiótico al cual recurrir.

Las cepas de la enfermedad resistentes a las cefalosporinas han sido identificadas en Japón y Reino Unido, aunque en otros países del mundo estas drogas siguen siendo altamente efectivas.
De todas maneras, los investigadores sugirieron que la vigilancia de las políticas de la salud pública es necesaria para lograr que siga siendo así.

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