La línea de trabajo de Magdalena de Troya, directora del servicio de Dermatología del Hospital Costa del Sol en Marbella (Málaga) desde hace diez años, es fundamentalmente el tratamiento del cáncer de piel, desde el momento del diagnóstico (por dermatoscopia) hasta los tratamientos quirúrgicos (cirugía ablativa y reconstructiva).

No hay que olvidar que la mayor parte de capital solar lo tenemos en los 20 primeros años de vida. Las quemaduras solares en esa etapa tienen un efecto imborrable a nivel genético. “Es el principal factor de riesgo que tenemos para el cáncer de piel”, dice De Troya. Comunica que “se empiezan a dar algunos pasos, algunas investigaciones, estando en una fase muy preliminar, en moléculas que son reparadoras del daño en el DNA”. Hay una molécula en la que se está trabajando clínicamente que es la Fotoliasa, una enzima reparadora del daño provocado por el sol a nivel celular, que está ya en el mercado y que se utiliza en cremas.

“Los labios son los grandes olvidados”, contesta De Troya al ser preguntada por ellos. Considera que se deberían cuidar de manera especial. “La piel del labio es muy frágil. Ahí, el fotoprotector tiene que tener unas características concretas. Hay que fijarlo, por su movimiento y por la saliva. El labio inferior está expuesto como un panel solar, al igual que la pirámide nasal. Son dos zonas que sufren constantemente una exposición solar directa. De hecho, la pirámide nasal es el sitio donde más frecuentemente aparecen los carcinomas”, añade. Además de los efectos del sol, en el labio se unen otros factores que pueden ser carcinógenos, como los gérmenes de la boca en personas que no tienen una buena higiene bucal y las consecuencias del tabaco. De Troya aconseja usar todas las mañanas una barra labial que lleve fotoprotector.

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