Los lípidos corporales se distingue, de acuerdo con su distribución tisular y funciones, en: 1) lípidos de depósito y 2) lípidos constitutivos de órganos y tejidos. Los lípidos de depósito se encuentran principalmente en el tejido adiposo del celular subcutáneo y en el que rodea algunos órganos. Contiene alrededor de 90 por ciento de grasas neutras y muy pequeña cantidad de colesterol y lípidos complejos. Los ácidos grasos más abundantes en los triacilglicéridos (TAG) del tejido adiposo son el oleico, palmítico, linoleico, esteárico y mirístico.

Su principal función es servir de reserva energética. Cuando el aporte de alimentos excede las necesidades calóricas, el sobrante se deposita en forma de grasa. Sólo los triacilgliceroles pueden ser almacenados en grandes cantidades. Los glúcidos también se depositan en forma de glucógeno, pero la capacidad de almacenamiento es comparativamente muy reducida.

La grasa de depósito se moviliza y degrada cuando las necesidades energéticas lo requieren. Una lipasa intracelular regulada por hormonas cataliza la hidrólisis de TAG para dar glicerol y ácidos grasos. Los ácidos grasos liberados llegan por la circulación a los tejidos que los utilizan.
La síntesis y degradación de grasas de depósito son procesos dinámicos. Se estima que la reserva total de TAG se renueva cada dos o tres semanas.

Los lípidos constitutivos están representados en su casi totalidad por lípidos complejos y colesterol; prácticamente no incluyen TAG.
Forman parte de membranas y otras estructuras celulares. En condiciones normales, no se acumulan; participan en proporciones relativamente constantes en la composición de los tejidos.

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