De acuerdo con un nuevo estudio, los niños que recibieron una combinación de queso y verduras para comer, comieron sólo una cuarta parte de las calorías que los niños a los que se les dieron papas fritas.

Nos guste o no, a los niños les suelen gustar los alimentos que son altos en energía y no los que son ricos en nutrientes. Eso es porque los niños aún están creciendo. Esa es la fisiología básica.
Los resultados no deberían resultar sorprendentes, pero sugieren que el intercambio de las patatas fritas por queso o verduras, podría ayudar a reducir la cantidad de calorías que los niños comen en la merienda.
Si se logra intercambiar los alimentos chatarra por bocadillos más saludables, se puede tener un impacto significativo en la ingesta de calorías por semana.

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Una de las cosas que fue crucial acerca de este estudio es que no hubo una restricción en la cantidad de alimento ofrecida. En otras palabras, los niños comieron hasta que sintieron satisfechos, y para el grupo de papas fritas significó comer muchas más calorías que para el grupo de queso y verduras.
Existe una gran cantidad de información contradictoria en relación con la nutrición y formas de hacer que los niños coman sano, pero restringir las dietas de los niños a sólo los alimentos más sanos puede no ser el enfoque correcto.
Los profesionales de salud creen que, para la mayoría de las personas, las restricciones crean una oportunidad para fracasar.
Los padres deben dejar que los niños consuman los alimentos que prefieren, pero limitarlos. La manera más eficaz es ir rotando los aperitivos entre alimentos sanos y los alimentos preferidos.

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