Médicos y pacientes describen el shock de un desfibrilador implantado como ser golpeados por la patada de un caballo, y el miedo de sentir esto podría dificultar a muchos pacientes con estos equipos a disfrutar del sexo.

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Según los profesionales de la salud, este es un miedo legítimo ya que, al menos un cuarto de los pacientes con un desfibrilador cardioversor implantable (DCI), sufrirá de un shock inapropiado en el período de 5 años. Esto se explica porque, cuando el ritmo cardíaco aumenta a una frecuencia muy alta, el aparato podría no reconocer que se está haciendo ejercicio o teniendo sexo vigoroso; por el contrario, podría interpretarlo como un ritmo cardíaco aberrante.

Los DCI son pequeños dispositivos que funcionan a batería utilizados para prevenir anormalidades peligrosas del ritmo cardíaco (arritmias) en personas con enfermedades cardíacas congénitas, sobrevivientes de infartos cardíacos, u otros que se encuentren en riesgo. A diferencia de los marcapasos, los cuales solo proveen un pequeño pulso eléctrico para mantener el latido normal del corazón,  los DCI pueden proveer una fuerte descarga cuando detectan una arritmia potencialmente mortal.

Para explorar las implicancias de estos dispositivos en la vida sexual de los pacientes, investigadores encuestaron a 150 hombres y mujeres con enfermedades cardíacas congénitas de las cuales 41 tenían un DCI.
Dentro de este grupo, los hombres tenían una tendencia a reportar una disfunción eréctil moderada si tenían implantado un DCI.

El director de dicha investigación alega que algunos pacientes no manejan bien la ansiedad relacionada a tener implantado un DCI. Es importante reconocer aquellos pacientes y referirlos a un psicólogo o algún otro terapeuta que pueda ayudarlos a lidiar con los miedos y tener una mejor calidad de vida.

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