Dado que la tuberculosis ataca principalmente los pulmones, son 2 los tipos importantes de ella, siendo una la conocida pulmonar y la otra, extrapulmonar; la tuberculosis pulmonar también es conocida como infección primaria y aparece inmediatamente luego de la infección, siendo esta enfermedad una de las afecciones más grandes que sufren los niños del continente africano.

Cuando un niño tiene buena salud, esta enfermedad se produce con ligeras alteraciones locales en los ganglios y en los pulmones; lo contrario ocurre si un niño se encuentra enfermo y desnutrido (peor aún si padece de sida), ya que además de la tuberculosis pueden aparecer otras infecciones adicionales, pudiendo ser éstas:

  • Una obstrucción bronquial.
  • Derrame pleural.

Además de estas infecciones, la más peligrosa quizá sea cuando se presenta acumulación de líquido entre las membranas que llegan a cubrir el pulmón.

Formas de diagnosticar y detectar a la tuberculosis

Se conoce como tuberculosis postprimaria o de adulto a aquella que parece 2 años después de la infección; esto se debe a que la enfermedad estuvo latente, siendo considerada como más grave que la primaria debido a las diferentes lesiones que provoca en los pulmones, enfermedad que se disemina rápidamente hacia el resto del cuerpo. Una prueba eficaz para detectar el grado de incidencia de la enfermedad es con la conocida tuberculina, misma que se suele administrar de forma intradérmica hacia el lado anterior del brazo. A las 72 horas se valorará la reacción generada en dicha área local.

En las mujeres embarazadas esta tuberculina es un poco más complicada de ser realizada, ya que en primera instancia se valorará mediante una prueba cutánea, y si refleja la presencia de la tuberculosis, se tendrá que acudir a una posterior radiografía del tórax. Los niños cuyas madres han dado un resultado positivo de la tuberculosis también deberán participar de esta prueba de la tuberculina; muchos de los resultados suelen ser falsos negativos, razón por la que se aconseja tomar una muestra del líquido cefalorraquídeo y de los conductos respiratorios así como también del estómago para su respectivo cultivo. Una radiografía del tórax puede indicar si los pulmones se encuentran infectados, debiendo realizarse posteriormente una biopsia del hígado, los pulmones o de algún ganglio linfático.

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