La televisión es un electrodoméstico que tiene un enorme protagonismo en la mayoría de los hogares españoles. De hecho, muchas personas confiesan que pasan varias horas al día frente a la pequeña pantalla. Una actitud que favorece una forma de vivir sedentaria. Está claro que la televisión también tiene muchos puntos positivos puesto que hace mucha compañía a las personas que viven solas pero además, también ofrece entretenimiento y ocio al espectador.

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Sin embargo, existen muchos momentos en los que es mejor apagar la televisión, por ejemplo, en las reuniones familiares debemos dar protagonismo a la conversación. Debemos centrarnos en hacer sentir bien a los invitados, es decir, en ese tipo de casos, los asistentes a una reunión deben ser los protagonistas.

La televisión también debe apagarse cada día cuando la familia se sienta ante la mesa para comer o cenar. El silencio es esencial para poder establecer el diálogo y compartir vivencias. Vivencias que son esenciales para fortalecer cualquier vínculo afectivo.

Por el contrario, una casa en la que la televisión está muchas horas encendida muestra que existe una actitud individualista en el seno de la familia donde no existe diálogo ni empatía. La televisión cuando está encendida durante muchas horas no es más que un ruido. Es decir, la tele debe de disfrutarse pero con prudencia. Saber apagar la televisión en el momento adecuado es el mejor síntoma de bienestar emocional que puede tener el espectador para cuidarse a sí mismo y tomar conciencia del valor tan precioso que tiene el tiempo.

Además, en televisión también es mejor apostar por una programación apta para todos los públicos puesto que así es posible disfrutar de algún programa o alguna película en familia. Por ejemplo, es posible hacer una sesión de cine en casa acompañando con una ración de palomitas hechas en casa.

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