La ingesta de bebidas alcohólicas es un hábito frecuente en humanos. Los individuos normales tienen capacidad para metabolizar hasta 100 mg de etanol por kg de peso corporal y convertirlos en productos inocuos. Por esta razón, una cantidad moderada, no mayor de 25 g diarios (dos vasos de vino), no produce desequilibrios. En cambio, el consumo de cantidades excesivas en forma aguda o crónica provoca graves alteraciones. El conocimiento del metabolismo de etanol ayuda a interpretar los efectos nocivos del alcoholismo.

alcohol

La mayor parte del etanol ingerido se absorbe en el duodeno y yeyuno; en menor proporción ingresa también por mucosa gástrica y resto del intestino. El alcohol es una molécula pequeña, soluble tanto en agua como en lípidos; atraviesa fácilmente las membranas y se distribuye con rapidez en todos los espacios hídricos del cuerpo. La absorción se completa a las dos horas de la ingesta; la presencia de alimentos en el estómago retarda el vaciamiento gástrico y disminuye la velocidad de absorción.

El hígado es el principal órgano encargado de la metabolización del etanol. En él se cumplen las dos primeras etapas de oxidación que lo convierten en acetaldehído primero y acetato después.

El producto formado en la primera etapa de oxidación de etanol debe su acción deletérea, en parte, a su capacidad de formar complejos con proteínas; inactiva enzimas, disminuye la actividad de reparación de ADN y favorece la formación de anticuerpos contra las proteínas complejadas.

La inhibición competitiva de acetaldehído desidrogenasa por disulfiram (antabuse) ha sido utilizada en el tratamiento de pacientes alcoholicos.

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